DESDE EL AÑO 1950 21 DE OCTUBRE

Día del Radioaficionado Argentino

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Si fue Marconi (1874/1937) o Nikola Tesla, de nacionalidad rusa (con patentes sobre el invento desde el 2 de julio de 1897) o Alexander Popov, otro científico ruso, el inventor de la radio, lo cierto es que en 1943 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dictaminó que la patente relativa a la radio era legítima propiedad de Tesla, pero no es menos cierto que Marconi es quien primero la comercializa, y popularmente se lo reconoce como el inventor.

A principios de siglo, el Ministerio de Marina regulaba el espectro radioeléctrico y fue quien otorgó la primer Licencia de Radioaficionado a Teodoro Belloq, el 15 de Octubre de 1913.

Éste instaló una estación radiotelegráfica en Av. Callao al 1600 de la Capital Federal y otra en una quinta en el Partido de San Isidro, Provincia de Buenos Aires.

Los radioaficionados eran un grupo chico y conocido por hacer cosas raras, algo así como los alquimistas del 1900: Arlía, Archevala, los hermanos Evers. Seeber, Arévalo, Guerrico.

El 21 de octubre de 1921 se reunió un calificado grupo de radioaficionados, los primeros en el aire, que en asamblea realizada en el salón de actos del Diario “La Prensa”, funda el Radio Club Argentino, el que pasaba a ser históricamente el tercer radio club del mundo, luego de Inglaterra (Real Society Great Britain) y de Estados Unidos (American Radio Relay League).

El “Día del Radioaficionado Argentino” fue instituido por la Tercera Convención Argentina de Radioaficionados, celebrada en la ciudad de Mar del Plata del 4 al 14 de noviembre de 1950.

Demás está decir, la cantidad de veces que los radioaficionados intervienen con sus estaciones y equipos, donde convocados o no, prestan su servicio en situaciones de emergencias, catástrofes, u otras necesidades donde las comunicaciones tradicionales cesan o no se cuenta con ellas.

Destacamos entonces con esto, que la actividad no es simplemente un hobby, sino un servicio, en el que el radioaficionado pone a disposición sus equipos y conocimientos, para ser utilizados para la comunidad, por tal motivo.

“Esta es una actividad que ha sido muy útil antes de la aparición de los celulares y la Internet, y lo seguirá siendo pese a ellas, pues en caso de catástrofe, cuando dejen de funcionar, solo los radioaficionados podrán estar en el éter y con su ingenio pondrán a andar sus equipos y colaboraran desinteresadamente como siempre.